Benito Bowl: Perreo, América y Recetas Fáciles para la “Liberación”

For the English version of this article, click here.


Lo que digo y desde dónde lo digo:
Cuando Benito apareció en el escenario al ritmo de “Tití me preguntó”, no pude contener la emoción.[i] Verlo en el Súper Tazón me llenó de tanto orgullo que no había podido poner en palabras todo lo que ocurrió ese domingo en la noche. Luego de una semana de muchas reflexiones y conversaciones, ya puedo escribir con mayor claridad. A continuación ofrezco algunas de mis interpretaciones de momentos que me llamaron la atención del espectáculo de Benito en el medio tiempo del Súper Tazón. Comienzo mi reflexión con un breve recorrido por su presentación, resaltando algunas imágenes que me resultaron importantes. Luego, hablo del peligro de apropiarse selectivamente de ciertos aspectos del discurso de Benito para reproducir ideas vacías y simplistas sobre unidad y solidaridad.

Soy consciente de que algunos elementos de mi análisis requieren un mayor desarrollo y atención. También escribo con profunda emoción y sensibilidad desde mi lente y experiencia como puertorriqueño. Mis palabras intentan responder a un evento que tocó unas fibras culturales, corporales y afectivas muy profundas. Lo que quiero decir es que en este breve artículo no pretendo ofrecer una lectura definitiva ni incuestionable de lo ocurrido en esos catorce minutos. Más bien, mi intención es generar y despertar ideas que ayuden a sostener conversaciones interesantes y abrir espacios de reflexión colectiva.

Un laberinto de caña y cultura:
Cortadores de caña con machete en mano, vestidos de jíbaros, y una pareja en plena “bella crisis”[ii] frente a la ya icónica casita de Benito aparecen en la escena inicial. El desfile por el laberinto de cañas de azúcar avanza entre los cocos fríos que se venden a la orilla de la Carretera #2 de Puerto Rico cuando se viaja por la costa norte de la isla. El combate entre Xander Zayas y Emiliano Vargas evoca aquellas batallas que marcaron generaciones: Héctor “Macho” Camacho y Julio César Chávez; Félix “Tito” Trinidad y Óscar de la Hoya; Miguel Cotto y Antonio Margarito, con el escándalo del yeso y la dulce venganza. Aparecen hombres mayores jugando al dominó mientras las mujeres se arreglan las uñas. Benito pone en escena la cultura puertorriqueña y latinoamericana, pero, sobre todo, a la clase trabajadora de Puerto Rico: los barrios y los caseríos. Los espacios donde nació el reguetón.

La casita, el perreo y los símbolos:
Desde el techo de la casita canta “Yo perreo sola.” En los años noventa, cuando yo estaba en escuela intermedia, al perreo se le decía culeo, aludiendo directamente al movimiento del culo. Benito perrea en la casita y canta su verso sexualmente explícito de “Safaera.” Reafirma a Puerto Rico como cuna del perreo.[iii]  Y, de repente, cataplum: Benito cae dentro de la casita cuando el techo colapsa, como colapsaron tantos durante y después del huracán María en 2017.

La transición del techo al interior de la casita es una obra de arte. Si se mira con atención, el espacio interior parece casi un albergue para migrantes. Benito se levanta y patea la puerta—como las patean agentes de ICE en Estados Unidos o soldados israelíes en Palestina. Pero, a diferencia de quienes patean para invadir, Benito patea para liberarse. Sale a encontrarse con un mar de cuerpos que bailan y celebran en alegría. El espectáculo continúa su sorprendente trayectoria: más perreo, una boda, bailarines de salsa, y hasta Lady Gaga—cuya presencia no está exenta de tensiones, dado el señalamiento público sobre su silencio ante el genocidio en Palestina y su respaldo previo a Israel. “Baile Inolvidable” y “Nuevayol” van marcando el camino hacia el clímax.

Honrar a quienes abrieron camino—y a toda América:
Aparece el cuatro puertorriqueño y con él, Ricky Martin. No es un detalle menor. Ricky—como le decimos con cariño en la isla—es quizá el artista latinoamericano más influyente en la industria del entretenimiento global. Su carrera explotó internacionalmente con “La Copa de la Vida,” la canción oficial del Mundial de 1998 en Francia. Pero mucho antes de eso—con Menudo y temas como “Fuego contra fuego”, “El amor de mi vida” y el álbum “A medio vivir”—ya ocupaba un lugar particular en la historia cultural de Puerto Rico.

“Lo que le pasó a Hawaii”, la canción que interpreta, dialoga con su propia trayectoria como artista. Cuando en 1999 cantó en los Grammy mitad en inglés y mitad en español, acompañado de trompetas, panderos y tambores, Ricky cambió las reglas del juego. Se convirtió en una estrella global. Su canción “Livin’ la Vida Loca” llegó al top 20 en más de quince países, incluyendo el Reino Unido, Australia, Alemania, Bélgica, Italia, Suecia, entre otros. Ricky abrió puertas a artistas latinos/as en una industria que insistía en que debían cantar en inglés para ser relevantes. Nunca abandonó sus baladas románticas ni ocultó su identidad puertorriqueña. Resistió preguntas incómodas sobre su sexualidad en un momento en que vestir falda como hombre o ser gay no era socialmente aceptado. La industria intentó arrancarle su río, su playa, su barrio y su identidad. Pero mostró maña y cría, como el Josco en el cuento emblemático de Abelardo Díaz Alfaro.

Con “El Apagón” y la monoestrellada azul celeste en la mano, Benito menciona por segunda vez a Tego Calderón. Tampoco es un gesto pequeño. El álbum “DTmF” es una joya musical que refleja una experiencia particular de la música y la cultura puertorriqueñas y latinoamericanas. Sin embargo, es difícil escucharlo sin recordar “El Abayarde,” el disco emblemático de Tego que redefinió el género y que para muchas personas (me incluyo), sigue siendo el mejor álbum de reguetón de todos los tiempos. Temas como “Loíza” fusionaron reguetón y bomba denunciando cruda y tajantemente el racismo y colonialismo cuando el género todavía no articulaba esas discusiones. Fue Tego quien, desde el perreo, señaló por primera vez “a esos niches que se creen mejores… por tener facciones de sus opresores.” En el Súper Tazón, Benito honra a Ricky, quien abrió puertas, y a Tego, a quien le debe su flow.[iv]

El espectáculo cierra con “Café con Ron” y “God Bless América”, seguido del nombre de la mayoría de los países del continente. Llama la atención la separación sutil pero potente—intencional o no—entre Estados Unidos y Puerto Rico, con Canadá en el medio de ambos.

Más allá del “ICE Out” y del discurso anti-Trump—los pies en la tierra:
El show generó múltiples debates. Al escuchar las diversas interpretaciones, me llama la atención y me preocupa la creciente tendencia a ignorar elementos esenciales del álbum y de la presentación. Cada vez más personas reducen la actuación de Benito a campañas anti-ICE o anti-Trump, dejando a un lado dimensiones centrales de su propuesta artística y política. Ese gesto revela cómo el privilegio puede instrumentalizar a pueblos históricamente oprimidos para sostener narrativas opresivas.[v] En otras palabras: se celebran las partes convenientes de Benito, siempre y cuando estas no confronten la propia complicidad de las personas con procesos coloniales, raciales, opresivos y genocidas.[vi] Otras personas interpretan a Benito exclusivamente desde lentes anglonorteamericanos, eurooccidentales, reproduciendo debates raciales centrados en Estados Unidos sin atender las dinámicas coloniales y raciales particulares de la isla. Un ejemplo fue la crítica simple y desinformada que lo acusó de “blanquear” la bomba puertorriqueña, un señalamiento que la influencer Paola del Mar desmontó con claridad y precisión.

Sobre la fragmentación del discurso, el pensador decolonial puertorriqueño Nelson Maldonado recuerda que “‘ICE out’ no está completo sin decir ‘Free Palestine.’” Con esto no se minimiza el apoyo de Benito a las personas migrantes, sino que se insiste en que las luchas están entrelazadas. Para Maldonado, “hay que ir caminando para crear colectivos que digamos conjuntamente: ICE out, Abolish ICE, Free Palestine, Black Lives Matter, Black Power, alto al bloqueo a Cuba, etc.” Las palabras de Maldonado subrayan las intersecciones inevitables entre los discursos de liberación, que no solo nombran la diversidad y amplitud de los poderes y mecanismos imperiales y coloniales, sino que también obligan a reconocer la participación de las personas en esas estructuras. En el contexto del Súper Tazón, esto implica entender que no puede haber un “together we are América” sin la descolonización de Puerto Rico, el fin del bloqueo a Cuba y el cese de las intervenciones militares estadounidenses en América Latina y el Caribe. Todos estos mecanismos responden a una insidiosa estructura colonial que debe enfrentarse de raíz.[vii]

En esta coyuntura, es fundamental reconocer que la actuación de Benito—y, en especial, su último álbum—constituye una crítica profunda a la colonización y la explotación de Puerto Rico. Gloria Anzaldúa nos recuerda “la esencia del colonialismo: arrancar una cultura y regurgitar su versión blanqueada a los nativos.”[viii] Desde esta idea resulta esencial entender que afirmaciones como “Benito es ciudadano americano” o “Puerto Rico es parte de Estados Unidos” revelan, al menos, un problema dual. Primero, que “ser parte de” no es lo mismo que “ser propiedad de.” Como señala el historiador Jorell Meléndez-Badillo, “en 1898… Puerto Rico se convirtió en una posesión colonial del emergente imperio estadounidense.”[ix] Hablar de Benito y Puerto Rico como “parte de” Estados Unidos presupone una relación de igualdad de condiciones. Pero la relación entre Puerto Rico y Estados Unidos no es de igualdad, sino de explotación. Segundo, tales comentarios ignoran que la música de Benito reproduce con orgullo una cultura caribeña históricamente minimizada y racializada. No solo canta en español; canta en español puertorriqueño caribeño. Canta con acento boricua—ese que, incluso en círculos latinos, se ridiculiza con el gastado chiste de “PueLto Lico.”[x] 

Afirmo que quienes adoptan elementos específicos de la crítica que hace Benito sin cuestionar cómo ellos/as mismos/as participan y son cómplices del saqueo de la isla de la que Benito canta hacen un trabajo incompleto. Las denuncias de Benito contra el presidente de Estados Unidos, contra ICE, su respaldo a las personas migrantes y su llamado a la unidad son necesarios y valiosos. Es ciertamente hermoso verlo usar su plataforma para esto. Pero la conversación tiene que ser más profunda. No es posible ignorar su denuncia al estatus colonial de la isla y la insistencia de Estados Unidos en despojar a Puerto Rico de su cultura, su música y su bandera.[xi] Decir “together we are América” implica también reconocer que no puede haber unión mientras Estados Unidos explote a Puerto Rico, Cuba y América Latina, sus recursos y su gente porque la liberación es colectiva, no individual. De igual manera, América no puede reclamar unión mientras algunas de sus naciones ignoran y hasta apoyan el genocidio que ocurre diariamente en Palestina. Me parece que la unión que reclamó Benito en el medio tiempo merece un ojo más crítico para evitar reducir su mensaje a nombrar países en una tarima. Bien lo advirtió Juan en el Apocalipsis al decir que el compromiso con la justicia no puede ser tibio (Apocalipsis 3:15-16).

El amor es más poderoso que el odio:
Quiero dejar algo claro: el Benito Bowl fue, ante todo, una celebración del amor. Benito habló de derrotar el odio y demostró la fuerza de la comunidad y de la acción colectiva. El amor fue el centro de su puesta en escena. Precisamente por eso es importante prestar especial atención a estos elementos de su discurso que con frecuencia se pasan por alto. Porque el amor no explota a los países ni los coloniza, no respalda genocidios, no invade naciones, no secuestra presidentes, no bombardea pueblos, no impone bloqueos a países para forzarlos a actuar de una u otra manera. El amor no se arrodilla a las personas negras en el cuello ni dispara contra personas por el color de su piel o su estatus migratorio. El amor del que Benito canta no puede ignorar las condiciones coloniales, raciales y opresivas que atraviesan la América que nombra. El amor y la unión de América no son recetas fáciles para la liberación, sino que implican un compromiso con la lucha por la justicia, la paz, la dignidad y la libertad de los pueblos oprimidos. Como dijo el teólogo puertorriqueño Luis Rivera Pagán, “el amor por los pobres conlleva la rebeldía contra los explotadores.”[xii]

Por último, es importante aclarar que Benito es un artista. No es funcionario público ni líder de una revolución global. No es el primero—ni será el último—en decir estas cosas. Su discurso tiene elementos poderosos y otros muy limitantes y problemáticos. Pero desde su arte podemos rescatar lo valioso, señalar lo incongruente y seguir construyendo comunidades que entiendan la dimensión colectiva de la liberación para los pueblos oprimidos y menospreciados de Puerto Rico, Cuba, Palestina, América Latina y el mundo entero.
—————————————————————————————————————————————————————————————————————-

[i] Si no ha visto la presentación de Benito en el medio tiempo del Súper Tazón, véala antes de seguir leyendo. En este artículo me refiero a Bad Bunny como Benito, su nombre de pila.

[ii] En un video que se ha vuelto viral, una mujer traduce erróneamente “bella crisis” por beautiful crisis.

[iii] En el Remix de la canción Carolina, grabada a finales de la década del 2000, el cantante de reguetón Julio Voltio afirma que Carolina es el lugar donde se inventó el perreo.

[iv] En su cancióin Nadie Sabe, Benito afirma, “Mi flow se lo debo a Dios y a Tego Calde.”

[v] Vea por ejemplo: https://mralancooper.medium.com/the-bad-bunny-halftime-show-deecb37b1a4f

[vi] Vea por ejemplo: https://www.vox.com/culture/478687/bad-bunny-super-bowl-halftime-show-woke-vibe-shift-republican-backlash

[vii] Aníbal Quijano se refirió en sus inicios a esta estructura como el patrón colonial del poder.

[viii] Gloria Anzaldúa, Light in the Dark=Luz en lo oscuro: Rewriting Identity, Spirituality, Reality, ed. AnaLouise Keating (Duke University Press, 2015), 48 Traducción mía.

[ix] Jorell Meléndez-Badillo, Puerto Rico: Historia de una nación, trad. Aurora Lauzardo Ugarte (Editorial Planeta, 2024), 89.

[x] En su canción Nadie sabe, Benito afirma: “Las termino con la ‘L’ con la ‘R’, suenan mal” haciendo alusión a la jerga puertorriqueña y la manera particular de hablar. En su canción LA MuDANZA también afirma el uso del lenguaje puertorriqueño en su música.

[xi] En LA MuDANZA Benito recuerda la Ley de Mordaza, aprobada en 1948, que prohibía, entre otras cosas, el despliegue de la bandera puertorriqueña en la isla.

[xii] Luis N. Rivera Pagán, Senderos Teológicos: El pensamiento evangélico puertorriqueño (Editorial La Reforma, 1989), 136.

Rubén David Bonilla Ramos

Rubén David Bonilla Ramos is editor-in-chief of the Baptist Peacemaker. He is a Ph.D. candidate at Emmanuel College of Victoria University in the University of Toronto and a Visiting Professor at the Seminario Evangélico de Puerto Rico, Emmanuel College in the University of Toronto, and Lexington Seminary. From Carolina, Puerto Rico, Rubén David has worked as a Research Fellow, collaborating on archival research related to the processes of colonization and conquest in Latin America and the Caribbean. He is particularly interested in exploring the intersections of colonial processes in Latin America and the Caribbean through asserting his own Puerto Rican identity and history. Rubén David also serves as a translator for academic articles and conferences in Anglo-North America. He lives in Toronto with his wife, Leslie, and their two daughters, Beatriz and Julieta.

Next
Next

Benito Bowl: Perreo, Tokenizing and Easy Recipes for “Liberation”