Benito, el hijo de Benito y Lissy - Reflexiones casi inéditas de DTmF.

Nota editorial: El 5 de enero de 2025, Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido como Bad Bunny, sacó su nuevo disco titulado DeBÍ TiRAR Más FOToS (DTmF). Lo que sigue es una reflexión, casi inédita, de las emociones y pensamientos que el disco despertó en mí. Por el contenido y énfasis cultural se publica solamente en español. Camila Sosa Pacheco y la Dra. Yara González-Justiniano colaboraron con la redacción de este artículo.

Mi esposa Leslie y yo viajamos a Puerto Rico en diciembre para pasar las Navidades. Regresar a casa es como una reconexión con lo sagrado que habita en el país, para mí, el más problemáticamente hermoso del mundo. Desde que pisamos la isla fuimos de fiesta en fiesta. Caminamos por las calles que nos vieron nacer, por las que nos caímos aprendiendo a correr bicicleta. Comimos alcapurrias y mantecados de parcha-piña-coco, tocamos panderos y disfrutamos nuestra estadía.

 El 5 de enero, mientras nos preparábamos para las festividades de la víspera de Reyes, Benito lanzó «DeBÍ TiRAR Más FOToS», su séptimo álbum como solista.

 Benito, el hijo de Benito —a quien llamaban Tito— y de Lissy —la menor de tres, criada con doña Juanita — apareció en el mundo de la música vestido de blanco, dejando claro que «Curry las mete, hasta que Lebron lo gaLdea». Su primer álbum de estudio, «X 100PRE», lanzado en 2018, cumplió con todas las expectativas del artista que llevaba tiempo dando «palo tras palo». A partir de ahí, con mucho esfuerzo y acompañado de un equipo de trabajo digno de emular, Benito se convirtió en Bad Bunny, un nombre que actualmente suena en los espacios artísticos más importantes del mundo.

 Escribir sobre Benito es casi redundante. Desde que se bajó del autobús de los mantecados acompañado por el rapero Arcángel, Benito se ha dedicado a desplegar un macramé de éxitos musicales que, poco a poco, lo han transformado de un cantante del género urbano a una de las figuras más importantes de la cultura puertorriqueña contemporánea. Para quienes aún hacen análisis simples y llanos de su música enfocándose en la «vulgaridad», «cafrería», voz, manera de vestir o ideas políticas, esto sonará como herejía o disparate. Pero, bien dijo el profético Quino a través de su adorada Mafalda: «Hay que avanzar con la humanidad».

 El disco de Benito fue precedido por la producción discográfica «Cosa Nuestra», de Rauw Alejandro. Un disco que tiene mucha profundidad y madurez artística. Rauw fusionó salsa, disco, trap, merengue y reguetón en este proyecto, especialmente un perreo con Alexis y Fido que tiene todos los ecos de la «vieja escuela». Rauw lleva tiempo madurando como artista, dejando claro que, junto al Conejo, viene a dejar su huella. Su magnífico álbum, para mí, fue casi un presagio de Benito y su nuevo disco.

La expectativa con Benito se intensificó una semana antes, con el lanzamiento del cortometraje «DeBÍ TiRAR MáS FOToS» protagonizado por Jacobo Morales, actor, director, escritor y productor puertorriqueño cuya película «Lo que le pasó a Santiago» fue nominada al Oscar en la categoría «Foreign Language Film» en 1990. El corto es una crítica abierta y directa a los procesos de gentrificación y colonización en la isla. Algo que ha venido sucediendo por más de una década con la aprobación de leyes que benefician a negociantes e inversionistas externos, mientras que limitan y explotan al comerciante local. Actualmente, comprar residencia en la isla para los locales es como un deporte extremo en el que sus esperanzas se ven truncadas por inversores extranjeros que ofrecen miles de dólares por encima del precio de tasación para convertir las viviendas en alquileres a corto plazo tipo AirBnb.

Su cortometraje también hace referencia al famoso chat de 2019 que llevó a la renuncia del exgobernador Ricardo Rosselló, donde Edwin Miranda, uno de los participantes, alegaba que el futuro era hermoso sin puertorriqueños. Participé de las protestas que llevaron a la renuncia del exgobernador. Ese fue mi primer encuentro con Benito. Llegó una noche con la cara tapada, acompañado de René Pérez, y se pararon sobre la valla. Protesté junto a ellos por espacio de dos horas antes de marcharme a la casa. Días después Ricardo Rosselló renunció a su puesto de gobernador.

No me sorprende que esta idea de un Puerto Rico sin puertorriqueños/as forme parte fundamental del cortometraje de Benito. En una escena para enmarcar, Jacobo Morales intenta pagar con cash, en una panadería donde hablan inglés y solo se puede pagar con tarjeta de crédito o teléfono. Juan Pablo Díaz, también actor, músico y cantante puertorriqueño, se levanta de su silla, paga la cuenta, mira fijamente a Jacobo a los ojos y con tristeza, pero con una seguridad y un orgullo inigualables, le dice: «Seguimos aquí».

«Ese seguimos aquí» parece ser el tema principal del nuevo disco de Benito. Su música y letras en esta nueva producción se centran en hablar al mundo desde la perspectiva puertorriqueña , dejando claro que la música, las raíces y la cultura de su país ocupan un lugar fundamental en su carrera. Sus canciones contienen la energía y la cultura que caracterizan a la isla, y los ritmos reflejan la madurez musical y emocional de un artista que no deja de sorprender.

Su crítica al colonialismo y la explotación de la isla en este disco trasciende nuestras costas. «Asaltó» a Jimmy Fallon con una parranda, para luego darle PIToRRO DE COCO. Su nuevo disco es una afrenta directa y sin tapujos a la necesidad imperante del colonizador —que se refiere a la isla como «basura»— de saquear nuestros recursos, explotar a nuestra gente y borrar nuestra identidad.

Al escuchar DTmF no puedo dejar de pensar en las intersecciones que tienen sus críticas con el cristianismo conservador en la isla. Los dos partidos mayoritarios que actualmente gobiernan se enfocan constantemente en promover ideas teológico-cristianas que buscan limitar la sexualidad de las personas, las identidades de género y los derechos de las mujeres. Mientras escribo estas líneas, la legislatura y el senado de la isla pretenden aprobar un proyecto de «Libertad Religiosa» que legalizaría la discriminación contra otras personas amparándose en «creencias» religiosas.

Habrá que ver cómo es ese Dios que te dice: «mira, no le rentes tu casa a esa pareja de lesbianas pecadoras que buscan hogar». Seguro no es el mismo que alega en Mateo 25:35-36 que «tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí». Para mí es imposible separar la crítica que hace Benito del andamiaje religioso-cristiano-conservador que gobierna y amenaza con mancillar la dignidad de las personas en el «nombre de Dios».

Benito tampoco huye del tema religioso. En su disco pasado pidió perdón a Dios por pecar, para luego espetar como lanza al costado que «pa’ creer en Dios no hay que ser ministro» porque «ningún hombre en la tierra tiene el derecho a juzgar en el nombre de Cristo». En «Una Velita» pidió que «Dios proteja a Borinquen en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». Benito «no quiere toldos, quiere Su manto». Parece que el «manto» al que se refiere no es uno artificial o imaginario que aparece como por arte de magia cuando se le reza, sino uno que no olvida a «la viejita de allí que vive sola y hay que irla a ayudar». Es un manto que surge del trabajo de las personas puertorriqueñas que luchan por un mejor país. Un manto Divino que se construye, en corillo.  

Para mí, ese manto que él reclama no existe desligado de los elementos que nos unen como familia puertorriqueña. En DTmF, Benito destaca elementos culturales como la salsa, la bomba, la plena, el reguetón, el pitorro de coco, Tití Aixa, la SanSe en San Juan, el carro con el voceteo, los códigos del monte y el café de la mañana, entre muchos otros, como espacios de reflexión y conexión de lo que significa ser boricua.

Yo no sé exactamente cómo piensa Benito. Él mismo dijo que «la gente tiene que dejar de ser tan estúpida y pensar que conocen la vida de los famosos». Lo que digo sobre él es lo que infiero, lo que entiendo de sus letras y la manera en que hablan a mi contexto específico; teniendo muy claro que hay una posibilidad de que él piense totalmente distinto. Pero, aún si fuese así, el simple hecho de que sus letras y acciones provoquen el pensamiento invitándonos a la reflexión de nuestra identidad y futuro como país, ya es una ganancia para quienes escuchamos y disfrutamos su música.

Benito tampoco es perfecto. Todavía algunas de sus letras contienen elementos misóginos y machistas que necesitan ser mirados con atención. Esto es importante, porque endiosar a Benito tampoco parece ser la idea adecuada. No hay artistas perfectos, ni personas perfectas. Esto no es justificación, sino reconocimiento de nuestra humanidad maltrecha que busca, constantemente mejorar y superarse. Para mí, DTmF sugiere que esa mejora y superación individual y colectiva surgen de la unión y la voluntad del pueblo que lucha sin rendirse. Un pueblo que le grita al colonizador que «de aquí nadie me saca. De aquí yo no me muevo. [Dile que] esta es mi casa donde nació mi abuelo».

Nadie sabe lo que va a pasar (mañana) con Benito. Intentar adivinar lo que hará en el futuro es como intentar explicar cómo aparece una orden ejecutiva en el escritorio de una secretaria de Recursos Naturales. En el presente, admiro su música y amor por la isla, aunque me haya quedado esperando el código para la venta de boletos (acho, esa me dolió). Creo que su crítica es importante y necesaria para repensar la cosa en este momento histórico. Su manera de educar, como por ejemplo los visuales de su disco que son lecciones de historia puertorriqueña escritas por el historiador puertorriqueño Jorell Meléndez-Badillo, es sensata y creativa. Aplaudo a su papá y mamá, porque «en verdad rompieron», pero también porque seguro Benito aplaude también a los papis, las mamis y todas las personas que nos enseñan a valorar nuestra tierra, a respetarla y enriquecerla; no solo monetariamente, sino en cultura, dignidad y esperanza. Mi deseo es que estas producciones como DTmF (y Cosa Nuestra de Rauw) sigan invitándonos a repensar para actuar en pro del país que queremos y soñamos.

Rubén David Bonilla Ramos

Rubén David Bonilla Ramos es editor jefe de Baptist Peacemaker. Vive con su esposa, Leslie, y sus hijas, Beatriz y Julieta, en Toronto, donde es candidato a doctorado en teología, descolonialidad y género. Originario de Carolina, Puerto Rico, Rubén David es un incansable luchador por los derechos humanos de la isla donde nació y ha participado en manifestaciones masivas en Puerto Rico que buscan defender los derechos de las comunidades marginadas, excluidas y desposeídas.

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