Caín, ¿dónde está tu hermana Alexa?
Nota: Esta historia ha sido traducida al inglés. Se publicó originalmente en español con el título Caín; ¿dónde está tu hermana Alexa?
Nota del editor sobre el contexto: El 24 de febrero de 2020, Alexa, una mujer transgénero, fue brutalmente asesinada en Puerto Rico. Su caso ha sido de especial interés por dos motivos: (1) se trató de un crimen de odio y (2) la brutalidad del asesinato. Todo comenzó el 23 de febrero, cuando se hizo viral una publicación en las redes sociales en la que se acusaba a Alexa de entrar en un baño público y acosar a una mujer y a un niño. Esta información fue desmentida días después por la persona que publicó la acusación. Una foto de Alexa se difundió ampliamente en las redes sociales junto con acusaciones de que era una desviada sexual y una pedófila. Estas acusaciones monopolizaron la opinión pública en cuestión de horas. Menos de 24 horas después de la publicación, se encontró su cuerpo. Asesinada. Esta tragedia generó muchas reacciones en la isla. Los grupos conservadores argumentaron que no se trataba de un crimen de odio porque «todos los crímenes son crímenes de odio». Otros expresaron que, por ser una mujer trans, merecía este castigo, ya que las personas trans son desviadas sexuales. Otros han llamado la atención sobre la demanda masiva que ha existido durante el último año para declarar el estado de emergencia por los feminicidios que se han producido en la isla. El debate sobre el asesinato de Alexa abarcó las disciplinas de la ética, la sociología, la psicología, los estudios de género y, por supuesto, la teología y la religión. La Dra. Agustina Luvis Núñez, profesora de Teología, Historia y Ética en el Seminario Evangélico de Puerto Rico, reaccionó al asesinato de Alexa desde un punto de vista religioso. A continuación, adjuntamos su impactante columna publicada en El Nuevo Día (un importante periódico de la isla) el 26 de febrero de 2020. —Rubén David
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Sabemos que la historia de Caín y Abel es una historia muy conocida en la que se interpretan dimensiones importantes de nuestra existencia y nuestra responsabilidad.
Nos preguntamos cómo es posible que la razón por la que un hermano mata a otro sea que su ofrenda no agradó a Dios, y la venganza lleva su ira contra su propia sangre. No hay duda de que Dios no es arbitrario ni injusto, y esto hace que el texto sea difícil de interpretar.
Por primera vez, la ira hacia Dios se convierte en un acto fratricida y, por lo tanto, en violencia e injusticia. Al analizar la historia más profundamente, descubrimos que la verdadera causa de la violencia hacia su hermano radica en el rechazo radical de todo lo que no es su ego, su poder.
La respuesta del asesino nos deja aún más perplejos: «¿Es mi obligación cuidar de mi hermano?». Su violencia se alimenta de su intolerancia hacia la diferencia, de su fría indiferencia hacia la existencia de otro ser, de la falta de reconocimiento de su plena humanidad, de la falta de amor, de la negación de su responsabilidad y de la incapacidad de ver la dignidad que la imagen de Dios ha dado a cada ser humano.
El asesinato de Alexa, al igual que el de Abel, tiene las mismas connotaciones que el primer crimen de la historia. Al escuchar el grito de dolor e indignación que provoca, debemos unirnos, creyentes o no, para denunciar el sufrimiento que padecen los seres humanos, únicamente por la falta de reconocimiento de su plena humanidad. El silencio ante este crimen nos empareja con Caín en la negación de nuestra responsabilidad y en la indiferencia ante la existencia del otro ser humano.
Cualquier discurso religioso o teológico que no condene claramente este hecho no puede responder a la sencilla pregunta del día final, que es la misma que la del origen de la historia: ¿Dónde está tu hermano, dónde está tu hermana? Lo que hiciste por tus hermanos y hermanas, lo hiciste por mí. Y lo que no hiciste por tus hermanos y hermanas, tampoco lo hiciste por mí.
No denunciar y no llevar a cabo acciones concretas contra este acto de hostilidad es justificarlo y promoverlo, desde los más sutiles hasta los más atroces.
Mientras recorremos la Cuaresma, un período que la Iglesia cristiana reconoce desde sus inicios como uno de profunda reflexión, recordemos que la muerte y resurrección de Jesús es un claro mensaje de que Dios está a favor de los crucificados de la historia y en contra de quienes crucifican. También fue en el Calvario donde Alexa vivió y murió.
Utilicemos este mensaje y nuestras acciones para acompañar y ayudar a las Alexas de la existencia a recuperar la vida, a sentir alegría, a sanar el daño que hemos causado y a encontrar una posibilidad de esperanza de resurrección.